Hoy es 5 de mayo, día internacional de la partera, personas imprescindibles en momentos decisivos para las gestantes que optamos –la mayoría de veces porque podemos– dar a luz en casa. O en un hospital, adaptado para ello.
Hace un año y 5 meses tuve una de las experiencias más fuertes de mi vida, el nacimiento de mi hija Mar. Cuando hoy recuerdo ese momento, parece que se quedó congelado en el tiempo, pudiendo contar con la memoria los olores, sentir las palabras, medir las miradas, y atesorar a las personas; ellas, las parteras, protagonistas imprescindibles de esa mi historia.
Mi experiencia como madre dando a luz había sido en hospitales con expertos –y, hablo en masculino–, llevando el peso, el protagonismo, la situación. Aunque si echo la vista atrás estoy muy satisfecha de los partos de mis hijos mayores, el de Mar, fue completamente diferente.
Para empezar, fue en casa, rodeada de profesionales de la salud atendiendo el parto, un equipo liderado por Isa Block, quien nos acompañó como familia (de una forma integral) durante todo el proceso del embarazo, parto y postparto. Sin ocupar más espacio, ni hablar más fuerte, dando seguridad a la hora de tomar decisiones, y respetando la palabra, el silencio o la forma, sin intentar cobrar protagonismo. Desde los niños, pasando por la pareja, la abuela y hasta a la perra les dio su lugar. Ella danzaba en casa al ritmo familiar.
Siento que el hecho de que hoy en día siga habiendo tantos ginecólogos rockstar y tantas parteras y ginecólogas en segundo plano es también una cuestión de género. A las niñas desde pequeñas se nos enseña a no ocupar mucho espacio, a tener los roles secundarios, a atender las necesidades de (generalmente) un otro etc. Eso nos juega en contra cuando tenemos que llevar la iniciativa o sobresalir en algo, protegernos, poner un límite… Nuestro lugar nunca es el principal, aparte de que es suave, amable, pasivo. A mi ginecólogo se le escuchaba, ocupaba un lugar, sobresalía, estaba en el centro. Mi partera estaba en el centro de mi historia estando en la periferia. Sutil diferencia, que hoy agradezco haber podido vivir, gracias a la llegada de mi hija.
Esta experiencia de nuevo, me regresó la mirada hacia mis hijos varones, porque de la misma manera que hablo del papel pasivo de la mujer podría hablar de la cárcel de siempre tener que llevar la iniciativa, ser autosuficiente, no tener miedo, arriesgar tu cuerpo y por tanto tu vida, no ser “apto” para el cuidado de nada (desde la casa, hasta las relaciones, tu aspecto personal etc.).
El parto en casa involucra a todo el mundo. Las dinámicas, los tiempos, las formas se adaptan a la llegada de ese ser que está viviendo una gran aventura. Es una aventura en casa para todos, todas, todes. Y si alguien tiene protagonismo en esos espacios es bebé en primer lugar, y la madre en segundo. Haber podido experimentar mi super poder es un privilegio que tendría que expandirse a todas las personas gestantes, parientes. Lamento que el parto sea tratado como un trámite, que abunde la violencia obstetricia como una práctica habitual de trato, en el pre, el parto y en el post. Deseo de todo corazón que el parto humanizado, al ritmo, y sin prisa llegue a toda la sociedad, que podamos acompañar a las personas que están viviendo eso como el proceso más bestia de ese momento. Y lo sostengamos, como sociedad, para darle confianza a las mujeres, o más bien, para darles ese espacio que es suyo y solo suyo.
Gracias Isa Block, y gracias a todas las parteras, ginecólogas y personal de salud que acompañan con igual fuerza que cariño a miles de familias, dándoles a cada quien su lugar, y ocupando el suyo, tan necesario para el bienestar general. No dejen nunca de hacerlo.

Replica a nouridegraff1984 Cancelar la respuesta