La increíble experiencia de hacer Educación Sexual Integral

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Cuando hablamos de qué educación sexual impartir y cómo hacerla, a menudo se nos hace un nudo en el estómago, en la garganta e, incluso, en el cerebro. Miles de emociones, pensamientos, experiencias, palabras ajenas y algunas propias se agolpan sin hallar la forma de materializarse fluidamente.

Sin embargo, en Ajustes Creativos, nos hemos dado cuenta de que, si profundizamos y nos entregamos a la experiencia, hablar de sexualidad puede significar hablar de algo bonito, por ejemplo, de hacer el amor, del placer, del consentimiento, de órganos sexuales, de la importancia de decir que no, de respetar a los y las otras, de la información que nos brindan las emociones, de la prevención…

A nosotras no nos gustan las banderas; y si acaso nos decantáramos por alguna, izaríamos la de la responsabilidad –tanto la afectiva como cualquier otra relacionada con la seguridad, la prevención, el bienestar y la salud sexual de nuestras infancias y adolescencias–. Esto se manifestaría, por ejemplo, en ofrecer información científica, veraz y proveniente de especialistas centradas en la materia, con el objetivo de recibir sus, aceptar y descubrir el ser humano en el que van convirtiéndose, dejarnos impactar por esa frescura y curiosidad insaciable, que parece que algún día dejamos escondida, quizá porque era incómoda o porque sentimos que no encajaba.

¿Cómo fue mi educación sexual?; ¿qué estaba permitido hablar en mi casa y qué no?; ¿me impidieron jugar con cochecitos porque «eso» era de niños y yo era niña?; ¿me dijeron que yo no sabía cuidar –lo que fuera: mi cuerpo, mi recámara, a mi gatita, a un amigo– porque era un niño y «los hombres no hacen esas cosas»? Seguramente, los mensajes fueron más sutiles, pero igualmente se grabaron a fuego en mi piel.

Nuestra propuesta es que sólo podemos hacer educación sexual si empezamos con nosotras y nosotros mismos.

Y aún daría un paso más en esta reflexión: ¿podría contestar estas preguntas, aunque ahora dirigiéndolas a pequeños y pequeñas? Por ejemplo: ¿Qué tipo de educación les estoy dando?, ¿trato diferente a los niños y a las niñas?, ¿acepto que le guste vestir dark si a mí me encantan los colores?, ¿confío en que mi hijo pueda resolver los conflictos sin violencia?, ¿valoro algo más allá del aspecto físico de mi hija?, ¿doy respuesta a preguntas como: qué es hacer el amor, cómo sale leche de los pechos, cómo llegué a tu útero y cómo salí de él? Porque todo esto, por raro que pueda parecer, es hacer educación sexual.

Si queremos que la experiencia de la sexualidad de nuestras hijas e hijos, esté repleta de amor, de naturalidad, de gozo, de libertad, de límites claros…, debemos iniciar con la nuestra, e ir allanando el camino para que la vivencia de ellas y ellos sea tan auténtica, que hallen en ti, cada vez que se encuentren en una situación vulnerable, ese espacio seguro al que regresar. Y entonces sí, tendremos la seguridad de poder dormir en paz.

👆🏽 Este texto y mucha más información sobre crianza y educación, lo puedes encontrar en el siguiente enlace: Universo Mantarraya

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