Salud mental: Cuando la ausencia se convierte en presencia

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Hay miradas que me atraviesan: siento como inundan mi cuerpo, desde el cuero cabelludo hasta las uñas de mis pies, pasando por todos los espacios de piel, aire, agua, materia, sangre y latido acompasado.

No puedo decir que las reciba bien, al menos no todas ellas. Sin embargo, a pesar de intentar evitarlas, no puedo. Son miradas que me conmueven, y hacen que me movilice –valga la paradoja– después de dejarme paralizada unos segundos. Las siento tanto, que despiertan mis sensaciones más escondidas; me duelen por así decirlo, como el cuerpo ejercitado después de meses de no moverse.

Esas miradas hoy las recibo desde una cálida butaca con cobija a la mano, o desde un consultorio improvisado en una habitación del mundo que hoy es mi casa. También las recibo en mi día a día, y si echo la vista atrás, me doy cuenta que llevo toda la vida viéndolas sin atreverme de hecho a hacerlo del todo. Son miradas que me desgarran y al mismo tiempo me recuerdan que estoy viva, y que en frente tengo a otro ser humano; soy consciente de que han ido y regresado con amigas, conocidos, familiares, incluso con furtivos encuentros de noche o noches sin fin…

Esas miradas me hablan de una terrible soledad y de una capacidad dañada para poder elegir ante la vida y las relaciones que en ella establecemos; me hablan también de una sensación de inadecuación, de inferioridad, de la dificultad de sentir diferente, pero por encima de todo, me expresan sin palabras el sufrimiento por el que están transitando. Que aunque sea inherente al ser humano, deviene insostenible con la fuerza de lo que parece indestructible.

A pesar de que haya nombre para algunas de ellas: depresión, ansiedad, trastorno de atención, trauma, trastorno límite, trastorno narcisista, intento de suicidio, y muchas más, se me quedan cortas en “esos” ojos que hoy me atraviesan. Y digo esos, porque detrás de cada palabra, detrás de cada experiencia, hay una persona a la que intento alcanzar, o ver, y que es difícil de repente, encontrarnos en el espacio intermedio.

Esta semana nos inmiscuimos en la salud mental, con motivo del Día Mundial el 10 de octubre; sin embargo, me pregunto si esta pandemia no es 10 de octubre cada día. Y a pesar de que la realidad me está pesando estos días, hay algo que también me inspira a seguir estando, aunque solo sea para que un día me mires, sin mirarme, para que llegues y no hables, o me grites… aunque solo sea para que me atravieses con tus ojos y muevas todo mi ser, y entendamos que estamos juntxs en esto: porque hoy eres tú, y mañana seré yo; porque hoy viéndote me veo, de la misma forma que viéndome te veo.

Autora: Caro Ferrer Chinchilla

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