Ella dice: “Cuando estaba embarazada, antes que nadie, mi bebé y yo compartíamos el secreto de su existencia. Mi pareja elegida, mi marido… era el espectador preferente, atento al cambio a través de mi piel.
Después de dar a luz, dejé de ser la frontera entre los dos, y me sentí un poco desubicada: mientras descubría el amor animal e incondicional hacia el ser que había surgido de mí; mi mirada atenta también se posaba en el hombre que me había conocido siendo otra mujer y con el que había culminado mi mayor creación.
Actualmente, aún en mi etapa de mamá canguro, siento mi lugar claro con respecto a mi hijo y, no tanto con respecto a mi marido. Ya no somos dos, como acostumbrábamos; ahora somos tres, y aprendemos sobre la marcha. Sin embargo, he de reconocer que, a menudo, en ese instante preciso previo a sucumbir a los encantos de Morfeo, me escucho susurrando una canción de Pink Floyd, torpemente, pero en mi inglés preferido: “I wish you were here”.

Él dice: “Cuando mi mujer estaba embarazada, sentía una gran ilusión por conocer a ese enigmático ser que estaba formándose en su vientre, como también un miedo incipiente a lo desconocido. No me acababa de caer el “20”.
Después de que la mujer a la que conocí sin tantas curvas, me regalara un espectáculo de fuerza y valentía dando a luz a un bebé que apenas podía acomodar entre mis brazos; desarrollé un sentido de amor y ternura hacia él, que jamás habría podido siquiera imaginar. Saber que estaba todo bien con nuestro hijo fue el alivio y motor necesario para sobrellevar las primeras semanas de nuestra nueva vida.
Actualmente, aún con demasiados pañales en el buró, y exilios casi tan voluntarios como obligados a la habitación de invitados, quisiera estar integrado con mi mujer en todo el proceso, y, sin embargo, va todo demasiado rápido… Tanto, que mientras las lavadoras aumentan a un ritmo vertiginoso, nuestros encuentros a solas disminuyen con la misma intensidad. Cuando sé que estoy solo, a esa hora extraña en que ni el vecino chismoso tiene tiempo de poner su ojo en nuestro carro, me sorprendo cantando a viva voz a 4 Non Blondes: “What’s going on?”.
Ella dice: “I wish you were here”.
Él dice: “What’s going on?”.
Y el eco de sus voces, retumba como un grito ahogado, como un llanto que quiere surgir, pero se siente inapropiado, como la lava de un volcán a las puertas de su cráter… En esta historia, él podría ser ella, o al revés; la pareja podría ser de ellas, o de ellos, o cualquier otra combinación; podríamos hablar de una bebé en lugar de un bebé y de dos o tres hermanit@s.
Pareciera como si en esta historia no fuera tan importante el género de sus personajes, o la cantidad de protagonistas; más bien, pareciera una historia que quiere ahondar en la soledad que no se comparte, en esa que va haciéndose más y más abrumadora cuanto más tiempo pasa en cautiverio.
Autora: Carolina Ferrer Chinchilla
Foto: Photo by Minnie Zhou on Unsplash

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