A pesar de que hay una gran parte de la población que no nos identificamos con la idea de que existe la pareja ideal –sólo una– y de que, una vez la encuentras –si tienes esa suerte– va a durar para siempre; me da la sensación de que tampoco nos atrevemos a construirla conforme a nuestros propios deseos; esos que habitan en nosotr@s de forma instintiva e inevitable, que a veces pueden parecernos peligrosos pues sentimos que nos llevan a lugares alejados de la supuesta «normalidad».
Intuir, y darme cuenta, además, que no existe la receta perfecta de Cómo construir una buena relación de pareja y mantenerla me resulta un poco inquietante. A lo mejor, como sugiere el terapeuta Joan Garriga, tengo que buscar el buen amor, ese que «se reconoce porque en él somos exactamente como somos y dejamos que el otro sea exactamente como es, porque se orienta hacia el presente y hacia lo que está por venir en lugar de atarnos al pasado, y sobre todo porque produce bienestar y realización».
Sin embargo, lo bueno de una receta es que puedo reinventar lo ya escrito –En este caso, por ejemplo, algunos acuerdos sociales (y cada quién vea si le choca o le checa) acerca de lo que es una pareja «normal»: heterosexual, con hijos, vive en la misma casa y en el mismo país, tiene relaciones sexuales, ni tantas ni tan pocas, es monogámica, con tolerancia relativa a algún amante pero siempre de escondidillas… – y experimentarla a mi antojo.
Lo que sí creo voy a necesitar en esta receta es una base de autenticidad, varios kilos de responsabilidad, y una pizca sabrosa de riesgo. Así, cuando el deseo asome, en lugar de mirar hacia otra parte y exclamar: «Este pensamiento no es mío, yo no soy así», a lo mejor, en ese instante, puedo proponerle a mi pareja, lo que sea que esté sintiendo. Y esperar… sosteniendo esos instantes de incertidumbre y esa mirada tan brillante sin saber muy bien si va a enojarse conmigo por haberle puesto el mundo patas arriba, o va a unirse a mi novedoso plan, entregándose a la vida con los poros bien abiertos.
Autora: Caro Ferrer

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